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Tortícolis muscular congénita: diagnóstico, factores de riesgo

La tortícolis muscular congénita, también conocida como tortícolis congénita o tortícolis muscular al nacer, es una condición en la cual un bebé nace con contracturas musculares en el cuello, lo que resulta en la inclinación o rotación anormal de la cabeza. Esta condición se debe a la contracción involuntaria o espasmo de los músculos del cuello, específicamente el músculo esternocleidomastoideo.

El músculo esternocleidomastoideo es responsable de permitir que la cabeza gire y se incline. Cuando hay un problema en este músculo, puede causar una posición anormal de la cabeza. La tortícolis muscular congénita puede ser causada por diversos factores, como la posición fetal, lesiones durante el parto o problemas en el desarrollo del músculo.

El diagnóstico y tratamiento tempranos son importantes para abordar la tortícolis muscular congénita. La terapia física, la manipulación suave del cuello y los ejercicios específicos son comúnmente utilizados para mejorar la amplitud de movimiento y corregir la posición de la cabeza. En algunos casos más severos, puede ser necesario el uso de dispositivos ortopédicos o, en casos extremos, la cirugía.

Es crucial que los padres consulten con un profesional de la salud si notan algún signo de tortícolis muscular congénita en su bebé para recibir una evaluación adecuada y determinar el curso de tratamiento necesario.


La tortícolis muscular congénita puede estar asociada con varios factores de riesgo, aunque en muchos casos no se conoce una causa específica. Algunos de los factores que se han identificado como posibles contribuyentes incluyen:

  1. Posición fetal: La posición del feto en el útero puede influir en el desarrollo de la tortícolis muscular congénita. Por ejemplo, si el feto adopta una posición con la cabeza inclinada o girada de manera constante, puede aumentar el riesgo de desarrollar contracturas musculares en el cuello.
  2. Problemas en el parto: Lesiones o traumas durante el parto, especialmente aquellos que afectan al cuello o la cabeza del bebé, pueden aumentar el riesgo de tortícolis muscular congénita.
  3. Factores genéticos: Algunos estudios sugieren que puede haber una predisposición genética a desarrollar tortícolis muscular congénita. Si hay antecedentes familiares de la condición, el riesgo podría ser ligeramente mayor.
  4. Problemas en el desarrollo del músculo: Anomalías en el desarrollo del músculo esternocleidomastoideo durante la gestación pueden contribuir a la aparición de la tortícolis muscular congénita.
  5. Múltiples embarazos: El riesgo de tortícolis muscular congénita podría ser mayor en casos de embarazos múltiples (gemelos, trillizos, etc.) debido a la limitación del espacio en el útero y las posiciones menos habituales que los fetos pueden adoptar.
  6. Posicionamiento inadecuado en la cuna: A veces, el posicionamiento constante de la cabeza del bebé en una dirección puede contribuir al desarrollo de la tortícolis muscular congénita. Por ejemplo, si el bebé siempre duerme o descansa con la cabeza en la misma posición.

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